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viernes, febrero 19, 2021

Una oportunidad para mejorar la educación

 El 2020 aumentó y desnudó la desigualdad existente en los sistemas educativos de América Larina pero también abrió una nueva posibilidad para relanzar una agenda de reformas educativas que mejoren los aprendizajes.

 


En 2020 aumentó la desigualdad que ya existía en los sistemas educativos en América Latina, según cualquier indicador internacional o nacional. Indudablemente, el hecho de que las escuelas permanecieron cerradas como medida para evitar la propagación del Covid-19 potenció esta desigualdad e incrementó la brecha entre los estudiantes que más tienen y con aquellos más vulnerables.

 

Varios factores explican esta realidad: el hacinamiento en el que viven muchas familias donde los chicos no cuentan con espacios adecuados para aprender; la falta de estudios de padres y madres que hace que no puedan acompañar a sus hijos en sus tareas; o la falta de conexión a internet que perjudica la continuidad de la enseñanza.

 

Esta tragedia para millones de chicas y chicos, y para el futuro de las sociedades, será difícil de recuperar más allá de las horas extras y semanas de vacaciones que se quieran utilizar para acelerar los aprendizajes.

 

Aún así, los países de América Latina podrían aprovechar esta crisis para relanzar una agenda de reformas educativas que mejoren los aprendizajes, con especial énfasis en los estudiantes más vulnerables.

 

En primer lugar, todos los países de América Latina tienen que comenzar a abrir las escuelas, como ha hecho audazmente la Ciudad de Buenos Aires y países como Uruguay, Chile y Perú. Es necesario que así sea, no pueden seguir teniendo clases únicamente por zoom.

 

Segundo, repensar los marcos institucionales, legislativos y regulatorios para que el nuevo “normal” de los sistemas educativos, no sea igual a 2019. Repensar la flexibilidad en las modalidades académicas, las materias a distancia en especial para los alumnos del secundario, la alternativa del “homeschooling”, la formación docente en línea, las diferentes formas de evaluar, la acreditación entre Universidades de toda la región, son algunos ejemplos.

 

En tercer lugar, el rol de las familias ha cambiado, son más protagonistas. Al tener a sus hijos en sus casas, se podría decir que han recibido educación sobre la educación de sus hijos, entienden con mayor claridad qué y cómo estudian y aprenden. Esto nos hace pensar que se volverán más demandantes y exigentes sobre los aprendizajes y formas de estudio, lo que representa una gran oportunidad para incluirlos en los debates y reformas educativas. Llegó el momento de hacerlo, de darles los instrumentos para que sigan recibiendo información, que puedan exigir y participar del debate sobre educación, que hoy solo tiene dos voces: la de los gobiernos de turno y las organizaciones gremiales.

 

Cuarto, más que nunca ha quedado en evidencia la importancia de habilidades y capacidades socioemocionales, como el aprendizaje a lo largo de toda la vida, y en todo tiempo y lugar; el pensamiento crítico y computacional; la curiosidad y el trabajo en equipo. Es importante avanzar en incluirlas en todos las curriculas escolares y enseñarlas en las escuelas.

 

En quinto lugar, la tecnología para la educación. Si bien viene siendo aplicada desde hace años, en este último año demostró que está para quedarse. Alumnos, docentes, escuelas, universidades y familias han experimentado la educación a distancia, que ofrece una excelente oportunidad para avanzar en la personalización de la enseñanza y que los alumnos puedan aprender según sus ritmos, capacidades e intereses. De todos modos, como región tenemos una deuda pendiente que es conectar a todas las familias a Internet, servicio tan esencial como la electricidad o el agua potable.

 

Esta nueva normalidad que tenemos que pensar para la educación en América Latina no puede quedarse únicamente en el debate, en la teoría, como nos pasa habitualmente, sino que debe ser llevado a políticas prácticas, que puedan ser evaluadas y medidas; que dejen de lado prejuicios e ideologías y se enfoquen en la mejora de los aprendizajes. Los estados nacionales y subnacionales tienen un rol prioritario en implementar reformas educativas, y es clave que impulsen políticas efectivas que lleguen a los alumnos. Pero es fundamental sumar a las organizaciones sociales, iglesias y sector privado. La educación es una responsabilidad de todos.

¡No dejemos pasar esta oportunidad!

 

 

 

 

 

Fuente

https://agendaeducativa.org/una-oportunidad-para-mejorar-la-educacion/

martes, agosto 23, 2011

Claves para mejorar el sistema educativo

En este post coloco un artículo que refleja una opinión sobre lo que debe ser un sistema educativo, desde un punto de vista político, no es "neutro" como presume, pero es una contribución a la necesaria discusión del tema.


Resumido a partir de “¿Cómo continúan mejorando los mejores sistemas educativos del mundo?”, de McKinsey Company, lanzado el 29 de noviembre de 2010.

¿Cómo se convierte un sistema educativo de bajo desempeño en uno bueno? ¿Y cómo uno con un buen desempeño se torna excelente? Son las preguntas que trata de responder ahora el nuevo estudio sobre educación elaborado por McKinsey Company, que en 2007 publicó un revelador informe que sintetizaba los atributos comunes de los sistemas con mejor desempeño en el mundo. El actual informe analiza 20 sistemas educativos –entre ellos los de Brasil (Minas Gerais) y Chile– e identifica los elementos de la reforma que son replicables en otros países para pasar de un desempeño “pobre” a “aceptable”, a “bueno”, a “muy bueno” y a “excelente”. Concluye con ocho hallazgos centrales.

Un sistema educativo puede mejorar de forma significativa independientemente de donde empiece. Es más, estas mejoras pueden lograrse en menos de 6 años y pueden empezar desde cualquier nivel de resultados de los estudiantes, en cualquier geografía, cultura o nivel de renta.





Hay excesivamente poco foco en el “proceso” en el debate de hoy en día. Para mejorar, los sistemas educativos cambian su estructura (nuevos tipos de colegios, modificación de ciclos escolares, descentralización); cambian sus recursos (más personal, más gasto por alumno); y cambian sus procesos (modificando el currículo y mejorando la forma en que los profesores enseñan y los directores dirigen). El debate suele centrarse en los dos primeros focos, pero la mayoría de las intervenciones para mejorar un sistema son de naturaleza “procesal”.

Cada fase específica del proceso de mejora está asociada con un conjunto de intervenciones único. Los sistemas que mejoran, implantan conjuntos similares de intervenciones para ir de un nivel de desempeño al siguiente: las intervenciones de Madhya Pradesh, Minas Gerais y Western Cape para ir de un desempeño “pobre” a uno “aceptable” son muy parecidas; hay un conjunto de intervenciones consistente que hace que los sistemas vayan de “pobres” a “aceptables”, otro que les lleva a “buenos”, otro para llegar a “muy bueno” y uno más para llegar a “excelente”.

El contexto del sistema puede no determinar el qué hacer, pero sí el cómo hacerlo. Hay variaciones sustanciales en cómo un sistema específico implanta las intervenciones, en cuanto a la secuencia, el tiempo y el despliegue. Los sistemas estudiados adoptaron combinaciones diferentes de “mandar” y “persuadir” para implantar el mismo tipo de intervenciones.

Hay seis intervenciones que ocurren en todos los niveles de desempeño para todos los sistemas. Estas son: construir las capacidades de enseñar de los profesores y de gestionar de los directores, evaluar a los alumnos, mejorar la información del sistema, facilitar las mejoras por medio de la introducción de políticas y leyes en educación, revisar el currículo y los estándares y asegurar la estructura de remuneración y reconocimiento adecuado para los profesores y directores.

Los sistemas más avanzados se mantienen en el proceso de mejora equilibrando la autonomía de los colegios con una práctica de la enseñanza sostenible. Mientras los sistemas de niveles “pobres” o “aceptables” logran mejorar a través de un centro que mejora y detalla la práctica de la enseñanza para los colegios y profesores, los que están en un nivel de desempeño “bueno” o más allá mejoran al aumentar las responsabilidades y el nivel de flexibilidad de los colegios y profesores para dar forma a la práctica de la enseñanza.

Los líderes del sistema se aprovechan de las circunstancias de cambio para lanzar las reformas. Entre estas circunstancias destacan las crisis socio-económica, un informe crítico de alto perfil sobre el desempeño del sistema o un cambio en el liderazgo (siendo este el más frecuente).

La continuidad en el liderazgo es esencial. Dos temas destacan de los líderes que mejoran los sistemas: su duración (al menos 6 ó 7 años); y la capacidad para mantener la continuidad de la reforma a pesar de cambios frecuentes en el liderazgo político
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