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lunes, marzo 29, 2021

¿Cuáles son las 8 competencias básicas en educación?

Sin duda la educación actual debe orientarse no solamente al aprendizaje de conceptos, sino al desarrollo de habilidades, actitudes y valores, en otras palabras al desarrollo de competencias. En este sentido, existen ocho competencias básicas que deben promoverse en los estudiantes desde los niveles básicos; en este artículo analizaremos cada una de ellas.

 


¿QUÉ ES UNA COMPETENCIA EN EDUCACIÓN?

Una competencia hace referencia a la capacidad o conjunto de capacidades que se consiguen por la movilización combinada e interrelacionada de conocimientos, habilidades, actitudes, valores, motivaciones y destrezas, además de ciertas disposiciones para aprender y saber. Se considera que alguien es competente cuando al resolver un problema o una cuestión, moviliza esa serie combinada de factores en un contexto o situación concreta.

 

Se puede señalar que en una competencia se integran los comportamientos sociales, las habilidades cognitivas, psicológicas, sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo un desempeño, una actividad o una tarea; en otras palabras, en las competencias convergen aspectos innatos, de aprendizaje, así como factores sociales.

 

El trasladar este enfoque a la educación permite a los alumnos aplicar lo aprendido a la resolución de problemas prácticos, ya que se reconoce que ni el conocimiento ni la práctica son útiles como elementos separados: es necesario saber, saber hacer y saber ser.

 

LAS 8 COMPETENCIAS BÁSICAS EN EDUCACIÓN

 Hace alguno años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estableció ocho competencias básicas que es necesario promover en los estudiantes desde los niveles iniciales hasta el bachillerato, las cuales son determinantes para su desarrollo integral, así como para lograr desenvolverse con éxito en la vida cotidiana.

Estas competencias, han sido retomadas como un referente  en el diseño del currículo de muchos países, a continuación te compartimos cada una de ellas.

 

1. Competencia en comunicación lingüística: Esta competencia implica utilizar de forma eficaz el lenguaje como instrumento de comunicación en diferentes contextos y situaciones.

2. Competencia matemática: Es la habilidad para el manejo de los números, sus operaciones básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, para resolución de problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo laboral.

3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico: Implica interactuar con el mundo físico, tanto con sus elementos naturales como con los generados por la acción humana, de tal manera que se permita la comprensión de sucesos, la predicción de consecuencias y la actividad dirigida a la mejora y preservación de las condiciones de vida propia, de los demás y del resto de los seres vivos

4. Competencia digital y tratamiento de la información: Es la habilidad para buscar, obtener, procesar y comunicar información para transformarla en conocimiento.

5. Competencia social y ciudadana: Se refiere a la comprensión de la realidad social en que se vive, así como la capacidad para cooperar, convivir y ejercer la ciudadanía de forma democrática y contribuir a su mejora.

6. Competencia cultural y artística: Supone conocer, comprender, apreciar y valorar diversas manifestaciones culturales y artísticas, así como utilizarlas como fuente de enriquecimiento y disfrute y considerarlas como parte del patrimonio de los pueblos.

7. Competencia para aprender a aprender: Esta competencia implica disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y ser capaz de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de acuerdo con sus propios objetivos y necesidades.

8. Competencia para la iniciativa personal y la autonomía: Dentro de esta competencia se incluyen habilidades y valores relacionados con la responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la creatividad, la autocrítica, el control emocional, la capacidad de elegir, de calcular riesgos, afrontar problemas y aprender de los propios errores.

Estas competencias no son independientes una de otra, sino que se interrelacionan entre sí, y se les denominan básicas debido a que se les considera como las capacidades intelectuales indispensables para desarrollarse como persona y aprender una profesión, además de que proveen las herramientas necesarias para afrontar de forma satisfactoria la vida adulta.

 

 

Fuente

https://docentesaldia.com/2021/02/21/cuales-son-las-8-competencias-basicas-en-educacion/


lunes, febrero 15, 2021

Competencias docentes en tiempos de pandemia

 La pandemia nos desafía a mejorar nuestras competencias digitales, el manejo de herramientas y aplicaciones novedosas pero, sobre todo, nos exige un sólido cuerpo de saberes, virtudes y prácticas que hagan posible que los dispositivos tecnológicos sean un medio útil y no sólo el adorno para una práctica mediocre o ineficaz que, además de enseñar deficientemente, legitime desigualdades sociales y de aprendizajes.

 


Una verdad como el Sol es que la explosión causada por la pandemia de COVID-19 constituye un hito en la historia de la humanidad, por sus efectos en la medicina, en el trabajo científico, en la economía y la cooperación internacional, en el mundo del empleo, el turismo, la diversión, las relaciones humanas y la educación, por supuesto.

 

Las lecciones en el campo pedagógico son muchas ya. Con claroscuros, notables. En algunos aspectos los sistemas educativos saldrán fortalecidos, otros podrían encubrirse y algunos más reclamarán una acción pública inusitada. Los buenos diagnósticos serán más valiosos que nunca, como las capacidades de crítica y autocrítica entre quienes toman decisiones, desde la cúspide del sistema hasta las salas de clase.

 

Las competencias didácticas son uno de los territorios donde más se volvió visible la necesidad de replantear, otra vez, la formación docente inicial y en la práctica, especialmente frente a las nuevas tecnologías, ante las cuales los docentes quedaron más o menos expuestos en sus falencias, por sus propias formaciones y por el diseño de las políticas educativas.

 

Pero centrar el debate de las competencias docentes sólo en las que deben poseerse para un manejo diestro de las tecnologías y en los escenarios no presenciales o híbridos, encierra el peligro de ver el árbol y no el bosque. Colocar toda la apuesta formativa desde los ministerios de educación en el dominio de las tecnologías por parte de los profesores, montándose sobre Google o YouTube, como sucedió en México, por ejemplo, es una visión corta y sin demasiadas luces.

 

Los desafíos de la educación en estos meses de confinamiento, con una pedagogía centrada en pantallas, en escenarios diversos y desiguales, con actores equipados de formas disparejas, mostró también, con enorme claridad, que los docentes necesitamos tener cargada la maleta con las mismas competencias de la buena docencia de siempre.

 

De poco serviría un manejo sobresaliente de las tecnologías con profesores desatentos a la comunicación con los estudiantes; de escaso valor sería la capacidad de los educadores para producir materiales ingeniosos, sin la sensibilidad para comprender las necesidades del alumnado.

La pandemia coloca en un sitio más relevante las virtudes y saberes clásicos, sin las cuales, no hay buena docencia, esa que procura convertir cada momento de la relación pedagógica en una oportunidad de aprendizajes. Entre ellas, ubico el dominio de la lengua, de la lectura y la escritura, de la palabra escrita y oral; la lectura, además, en clave freireana, como lectura de la palabra y de la realidad, o viceversa, como la lectura de la realidad a través de las palabras que se comunican a otros, que permiten el intercambio, la persuasión, la belleza de la poesía o la comprensión de los problemas matemáticos. Es también el dominio del lenguaje como instrumento del pensamiento y vehículo para la comunicación.

 

Cuando los tiempos de interacción se acortan y los medios se reducen a pantallas o aparatos, la escucha atenta de los profesores se vuelve imprescindible, porque con ella podrá intuir o inferir los vacíos, desatinos y dudas en la comprensión de los contenidos e instrucciones. En momentos así, la escucha paciente por parte del profesor puede convertirse en una herramienta capaz de producir un mensaje más rotundo al estudiante: le importo a la institución, a la escuela, al maestro, soy persona.

 

Articulados ambos, el dominio de la lengua y la escucha, aparece el diálogo, la capacidad del profesor para promover la conversación inteligente, socrática a veces, basada en preguntas de los estudiantes y no sólo del maestro, lo que implica despertar la curiosidad por el contenido del curso u otros aspectos que los estudiantes aporten a la relación pedagógica.

 

El respeto a los estudiantes es una necesidad imperiosa, para valorar la integridad y dignidad de cada uno; además, el respeto a la profesión, a los colegas y a la institución que nos acoge para desarrollar un proyecto pedagógico.

 

La humildad es otra premisa de la docencia, de la que quizá aprendimos más con Paulo Freire que con nadie, cuando postulaba desde sus libros primeros la propuesta de educarnos en grupo, porque nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo; porque la relación pedagógica es una construcción humana en un tiempo y un momento histórico determinados.

 

Podríamos agregar más elementos al equipaje del maestro que viajará por la experiencia de educar en contextos inéditos, pero cerraré con otro de los aprendizajes de Paulo Freire: la alegría de vivir. En efecto, la docencia implica optimismo, aunque sea cauteloso. No se educa desde la frustración o el desánimo, sino desde la esperanza en el efecto de la tarea cotidiana de los maestros y maestras. La pedagogía es una apuesta por la vida y la formación, antídoto contra el desaliento.

 

La pandemia, pues, nos desafía a mejorar nuestras competencias digitales, el manejo de herramientas y aplicaciones novedosas pero, sobre todo, nos exige un sólido cuerpo de saberes, virtudes y prácticas que hagan posible que los dispositivos tecnológicos sean un medio útil y no sólo el adorno para una práctica mediocre o ineficaz que, además de enseñar deficientemente, legitime desigualdades sociales y de aprendizajes.

 

 

 

Por

Juan Carlos Yáñez

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2021/01/20/competencias-docentes-en-tiempos-de-pandemia/

jueves, noviembre 26, 2020

Una intervención temprana en el aula de infantil reduce las desigualdades sociales en competencias matemáticas

 Los alumnos con menos recursos suelen tener un peor desempeño matemático desde pequeños. Un nuevo estudio muestra una mejora de las habilidades numéricas y verbales de niños y niñas en 24 aulas de preescolar de EE UU, lograda mediante una evaluación y enseñanza centrada en sus necesidades educativas.

 


Desde la etapa preescolar de la educación, los alumnos que provienen de familias con menos recursos muestran un peor desempeño en matemáticas que sus compañeros de rentas más altas. Esta desigualdad socioeconómica y su relación con el rendimiento escolar se pone de manifiesto en diversos estudios e iniciativas –el programa PISA de la OCDE es uno de los que más lo pone en relieve– y tiende a persistir a lo largo de su vida educativa, con un impacto en otras tareas como la comprensión lectora.

 

Una intervención educativa realizada durante un curso escolar y coordinada por el profesor Stephen Raudenbush, del Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago (EE UU), ha logrado reducir esta brecha socioeconómica de competencias en 24 clases cuyos profesores habían recibido instrucciones concretas para examinar a sus alumnos de educación infantil en diferentes habilidades matemáticas. Estas se dividieron en dos dominios: numérico (conteo, números cardinales, operaciones) y espacial (figuras, composiciones, rotaciones).

 

En conjunto, el alumnado incluía a 350 niños y niñas de tres a cinco años de familias de rentas bajas. La intervención consistía en capacitar a los docentes a usar tareas de tipo juego individualizado para evaluar el rendimiento del alumnado tres veces durante el año escolar. Luego adaptaban sus enseñanzas a los alumnos según el progreso de cada uno y sus necesidades educativas.

 

Las puntuaciones en competencias numéricas y de comprensión verbal resultaron mayores en las 24 clases en las que se realizó esta intervención educativa que en otras 25 elegidas al azar como control

 

Los resultados, publicados en la revista PNAS, muestran que las puntuaciones en competencias numéricas y de comprensión verbal resultaron mayores en el alumnado de aquellas 24 aulas con intervención, en comparación con el grupo control de 25 clases seleccionadas aleatoriamente.

Según exponen los investigadores, este impacto positivo en sus habilidades numéricas equivale reducir un 45 % la brecha de competencias entre los alumnos de más y menos recursos. Por otro lado, y al contrario de lo que se esperaba, en el estudio no se percibieron efectos en competencias espaciales ni en alfabetización.

 

Raudenbush considera que “la principal contribución de este enfoque, en combinación con sistemas similares de evaluación e instrucción en educación primaria, es que se puede reducir la desigualdad social en las competencias numéricas”, aunque reconoce que su equipo sigue discutiendo algunas posibles explicaciones de por qué no se han visto afectadas las habilidades espaciales del alumnado.

La importancia empezar temprano

 

Uno de los aspectos destacados de este estudio es la elección de la etapa infantil para hacer la intervención educativa. Digna Couso, profesora de Didáctica de las Matemáticas y de las Ciencias Experimentales en la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma a SINC que la comunidad científica que investiga cómo se educa “es cada vez más consciente de la importancia de empezar temprano en el ámbito STEM (ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas)”.

 

En esta línea, el Consejo de la Unión Europea ha emitido unas recomendaciones dirigidas a los sistemas de educación y cuidados de la primera infancia en las que reconoce que los niños escolarizados en esta etapa educativa obtienen, en general, mejores resultados en lengua y matemáticas.

 

Esto acaba repercutiendo en la sociedad en su conjunto, “desde mejorar los resultados educativos y en el mercado laboral hasta reducir las intervenciones sociales y creando unas sociedades más cohesionadas e inclusivas”, según indica el texto de recomendaciones. Además, el Consejo afirma que la inversión en las fases tempranas de la educación es la más rentable de todas para paliar las desigualdades.

 

Cuidado con la cultura de la evaluación

En contraposición, Couso advierte que la propuesta de este estudio pasaría por establecer una ‘cultura de la evaluación’ que ha acabado resultando “perjudicial en muchos países anglosajones”.

 

Para Couso, la evaluación más eficaz es la que orienta a la acción, en la que se involucra a los propios alumnos a que regule cada vez más su aprendizaje

 

“Aunque el objetivo es la evaluación formativa –dar información al profesorado de cómo hacer avanzar a los alumnos–, la evaluación que sirve es la que orienta a la acción, en la que se involucran paulatinamente los propios alumnos. No debe ser que solo el profesor sea el que domine el cambio de enseñanza, sino que el alumnado regule cada vez más su aprendizaje”, opina la doctora, argumentando que no se puede ensalzar la cultura de docentes realizando pruebas externas durante toda la escolaridad.

 

Una prueba de este argumento es que en el conocimiento numérico, donde se han dado resultados positivos en este estudio, “sí existe mucha didáctica de matemáticas que te dice por dónde ir”, mientras que en el conocimiento espacial, donde los investigadores reconocen que no saben cómo avanzar, “hacer un examen no sirve de nada”.

 

 

 

por 

José Luis Zafra - Agencia Sinc

Esta información ha sido publicada en agenciasinc.es

viernes, julio 31, 2020

¿Cómo desarrollar el pensamiento crítico en alumnos de la Generación Z?

 “El pensamiento crítico no es una actividad espontánea. Primero se deben construir las ideas y ese es el mayor desafío”.

Los reportes especializados más recientes en innovación educativa resaltan la necesidad de desarrollar en mayor medida las competencias transversales de los estudiantes con el fin de lograr su eficiente incorporación laboral en un mundo cambiante y volátil. Así lo explicó la Dra. Patricia Caratozzolo en nuestro webinar del mes de marzo 2020.

En este webinar, Patricia nos compartió algunas sugerencias para desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico en grupos mayoritariamente de la Generación Z (individuos menores de 24 años que se encuentran iniciando su preparación universitaria). También presentó los resultados de su trabajo de investigación que realizó en el Tec de Monterrey para atacar los siguientes problemas en los estudiantes de esta institución:

1.      La reducción del vocabulario activo de los estudiantes
2.      La inseguridad en la comunicación oral y escrita
3.      La dificultad para el desarrollo del pensamiento crítico

Para hacer frente a estas problemáticas, se identificaron las mejores actividades y dinámicas para promover la lectoescritura en los jóvenes, los mecanismos que permiten el desarrollo de la riqueza léxica, así como también se hizo una selección y evaluación de un plan de mejora de la competencia del pensamiento crítico.

“El pensamiento está hecho de palabras. Si los estudiantes manejan en su día a día tan solo 300 palabras, ese pensamiento será pobre y débil; si les pides una argumentación no podrán sostenerla”.

La mayoría de los docentes limita su enseñanza en el desarrollo de las competencias disciplinares de su materia, mientras que las competencias transversales como la flexibilidad cognitiva, la creatividad y el pensamiento crítico, suelen quedarse relegadas al criterio de cada escuela y de cada profesor. Esto representa un enorme riesgo, porque son muy pocos los docentes que tienen una preparación continua en técnicas didácticas de enseñanza-aprendizaje adaptadas a las generaciones actuales.

A continuación, les compartimos algunas características de los jóvenes de la generación Z de acuerdo con la investigadora Patricia Caratozzolo. Para conocer los resultados completos del estudio consulta el video de la sesión en cualquier momento.

Características de la Gen Z
·         Se entretienen con plataformas visuales pasivas (YouTube, Instagram)
·         Leen solo breves textos pre-digeridos
·         No ejercitan la concentración por periodos largos
·         Prefieren no realizar esfuerzos cognitivos
·         Las redes sociales estimulan solo relaciones virtuales
·         Escriben mensajes de texto cortos en WhatsApp
·         Expresan opiniones a través de memes y emojis

El desarrollo de las competencias transversales para los jóvenes de entre 15 y 25 años representa una dificultad especial debido a que, es el período en el cual se están preparando fuertemente en sus competencias disciplinares: primero, decidiendo qué carrera elegir durante la preparatoria, luego, descubriendo sus propias áreas de interés entre las materias de la currícula universitaria y finalmente, especializándose en diplomados y cursos de posgrado.

La doctora Caratozzolo considera que cada generación de estudiantes tiene sus características y sus diferencias en los procesos de aprendizaje, por lo cual los profesores deben estar preparados para utilizar diferentes enfoques dependiendo si estamos frente a un grupo perteneciente a la Generación Y (Millennials), Generación Z (post-millennials) o incluso a la nueva Generación T (táctil). Revive el webinar completo aquí.

La Dra. Patricia Caratozzolo (pcaratozzolo@tec.mx) es profesora e investigadora del Departamento de Mecatrónica de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey campus Santa Fe. Es Líder de proyectos en Innovación Educativa y Senior Member de la IEEE (la mayor organización de ingenieros del mundo). Es miembro de IAS, PES, Women in Engineering Association y de la International Association for Continuing Engineering Education.




Fuente
Por Román Rubi


martes, octubre 21, 2014

¿Qué son las competencias emocionales?


La preocupación por la Educación emocional es novedosa en las escuelas, es reconocido que necesitamos una adecuada base que solidifique nuestra voluntad para poder aprender ¿En qué consisten esas competencias emocionales? ¿Qué tipos podemos reconocer? No podemos reconocer calidad en la Educación sin ellas.

Existen diversos modelos de competencias emocionales. A continuación se presenta el modelo del GROP (Grup de Recerca en Orientació Psicopedagògica) de la Universitat de Barcelona (Bisquerra, 2008), según el cual hay cinco grandes competencias:
·      Conciencia emocional,
·      Regulación emociona,
·      Autonomía emocional,
·      Competencia social y
·      Habilidades de vida para el bienestar.

La conciencia emocional consiste en conocer las propias emociones y las emociones de los demás. Esto se consigue a través de la autoobservación, así como de la observación de las personas que nos rodean. Conviene distinguir entre pensamientos, acciones y emociones; comprender las causas y consecuencias de las últimas; evaluar su intensidad; y reconocer y utilizar el lenguaje emocional de forma apropiada, tanto en comunicación verbal como no verbal.

La regulación emocional significa dar una respuesta apropiada a las emociones que experimentamos. No hay que confundir la regulación emocional con la represión. La regulación consiste en un difícil equilibrio entre la represión y el descontrol. Son componentes importantes de la habilidad de autorregulación, la tolerancia a la frustración, el manejo de la ira, la capacidad para retrasar gratificaciones, las habilidades de afrontamiento en situaciones de riesgo (hacer frente a la inducción al consumo de drogas, violencia, etc.), el desarrollo de la empatía, etc. Algunas técnicas concretas son: diálogo interno, introspección, meditación, mindfullness, control del estrés (relajación, respiración), autoafirmaciones positivas; asertividad; reestructuración cognitiva, imaginación emotiva, cambio de atribución causal, etc. El desarrollo de la regulación emocional requiere de una práctica continuada. Es recomendable empezar por la regulación de emociones como ira, miedo, tristeza, vergüenza, timidez, culpabilidad, envidia, alegría, amor, etc.

La autonomía emocional es la capacidad de no verse seriamente afectado por los estímulos del entorno. Se trata de tener sensibilidad con invulnerabilidad. Esto requiere de una sana autoestima, autoconfianza, percepción de autoeficacia, automotivación y responsabilidad. La autonomía emocional es un equilibrio entre la dependencia emocional y la desvinculación.

Las habilidades sociales son las que facilitan las relaciones interpersonales, sabiendo que éstas están entretejidas de emociones. La escucha y la capacidad de empatía abren la puerta a actitudes prosociales, que se sitúan en las antípodas de actitudes racistas, xenófobas o machistas, que tantos problemas sociales ocasionan. Estas competencias sociales predisponen a la constitución de un clima social favorable al trabajo en grupo productivo y satisfactorio. Las emociones interculturales son aquellas que experimentamos cuando estamos con personas de otra etnia, color, cultura, lengua, religión, etc., y que según se regulen de forma apropiada o no, pueden facilitar o dificultar la convivencia.

Las competencias para la vida y el bienestar son un conjunto de habilidades, actitudes y valores que promueven la construcción del bienestar personal y social. El bienestar emocional es lo más parecido a la felicidad, entendida como la experiencia de emociones positivas. No podemos esperar a que nos vengan dados los estados emocionales positivos, sino que hay que construirlos conscientemente, con voluntad y actitud positiva. Esto es posible y deseable.



Extraído de
Consideraciones sobre educación emocional, transversalidad y bienestar
Rafael Bisquerra Alzina

viernes, marzo 08, 2013

Calidad Educativa en los docentes


La Calidad Educativa tiene numerosas dimensiones, una de ellas pasa por el docente. El enseñante debe tener características que ayuden a los alumnos ¿Qué aprendizajes son necesaros? ¿Qué características debe reunir, para facilitar el ingreso al camino de la Calidad Educativa? Vivimos en una etapa histórica con personalidad propia ¿Cuáles son las exigencias del momento?


Las exigencias de la profesión docente se pueden identificar en cinco ámbitos:

–          Conocer: conjunto estructurado de conocimientos sobre el mundo natural y sociocultural. Las disciplinas del currículo. Competencias cognitivas.

–          Hacer: conjunto de procedimientos y estrategias. Competencias procedimentales.

–          Querer: motivación, compromiso, esfuerzo. Competencias afectivas.

–          Convivir: capacidad para trabajar y relacionarse con compañeros y alumnos. Competencias comunicativas.

–          Ser: desarrollo del profesor como persona. Responsabilidad ética ante los alumnos, familias y sociedad. Competencias personales.

Las competencias que han de desarrollar los profesores en estos ámbitos se corresponden precisamente con las demandas a la educación de los alumnos en nuestra sociedad. La educación tiene planteadas exigencias múltiples, crecientes, complejas y hasta contradictorias en la sociedad actual. Se requiere transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos, que genera y requiere la sociedad cognitiva. Se exige ofrecer criterios y orientaciones para no perderse entre cantidades ingentes de informaciones, más o menos superficiales y efímeras, que invaden los espacios públicos y privados, para mantener el rumbo en proyectos de desarrollo personal y social. La educación debe proporcionar las cartas náuticas en un mundo complejo y en permanente agitación, al mismo tiempo la brújula para poder navegar por él y el ancla para detenerse, anticipar y valorar rutas a seguir.

En la sociedad del conocimiento el aprendizaje no se circunscribe a un determinado espacio como las instituciones educativas: se exige aprender en todos los contextos. Por otra parte, el aprendizaje no puede quedar limitado a un determinado periodo temporal en el ciclo vital de la persona. No se puede ya vivir de las rentas de conocimientos adquiridos en los años de formación. Los continuos cambios en todos los niveles conllevan nuevas demandas profesionales y nuevas exigencias personales. Es obligado aprender a lo largo de toda la vida de la persona. La enseñanza–aprendizaje en la Universidad debe capacitar a las personas para ese aprendizaje permanente.

En la sociedad del conocimiento, cada persona ha de asimilar una base de conocimientos rigurosos y estrategias eficaces; tiene que saber qué pensar y cómo actuar ante las situaciones relevantes a lo largo de la vida; hacerlo desde criterios razonables y susceptibles de crítica; ser sensible a las exigencias cambiantes de los contextos; desarrollar el pensamiento reflexivo, crítico y creativo. La enseñanza–aprendizaje para la comprensión, como gran reto para nuestro tiempo, se ha de construir sobre los siguientes pilares:
  • aprender a conocer,
  • aprender a querer y sentir,
  • aprender a hacer,
  • aprender a convivir,
  • aprender a ser,
  • aprender sobre el conocer, el querer, el sentir.

A) APRENDER A CONOCER. Conocimiento es un término con un contenido semántico muy amplio. Hace referencia a: los conocimientos comunes que las personas tenemos sobre el mundo y que utilizamos en nuestra vida cotidiana; los conocimientos disciplinares sobre distintos ámbitos de la realidad natural y sociocultural que conforman las distintas ciencias y saberes; los conocimientos sobre la propia identidad personal; los conocimientos sobre el conocimiento mismo o metacognición.

Conocer requiere asimilar información, tener memorias y operar con ellas, realizar procesos, ejercitar procedimientos o estrategias para sacar el mejor partido a lo que se conoce, conocer continuamente más, resolver problemas, tomar decisiones. Pero conocer también requiere motivación, esfuerzo, compromiso, constancia en un proyecto formativo de desarrollo personal y social.

Aprender a conocer es una exigencia para responder a las demandas prácticas y profesionales de la sociedad cognitiva; pero también es condición imprescindible para desarrollarse con más plenitud como persona, ejercitar las capacidades humanas, disfrutar del saber, dar sentido a la vida. Aprender a conocer supone ejercitar todas las capacidades de la mente: los procesos de atención, percepción, memoria, razonamiento, pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas, lenguaje, motivación, afectividad.

La sociedad del conocimiento actual (sociedad de la imagen es caracterización más propia) está sesgada hacia un tipo de información, la icónica, las imágenes, lo que si bien conlleva oportunidades, también entraña serios riesgos. Las informaciones en imágenes, con su rapidez, inmediatez, variedad, novedad, atractivo, plantean unas exigencias de procesamiento de información mental diferentes de la información lingüística, propias del texto y discurso. Los formatos multimedia requieren un tipo de atención, concentración, planificación, esfuerzo distinto del procesamiento de textos, más significativo y profundo. Manejar el mando a distancia de la TV, o el buscador de páginas web en el ordenador, es tarea muy distinta a enfrentarse y enfrascarse con la lectura de un libro. La hegemonía de mensajes icónicos en la sociedad de la información puede obstaculizar, paradójicamente, el desarrollo mental de las personas, el pensamiento elaborado, significativo, crítico, creativo, que requiere precisamente la sociedad del conocimiento.

B) APRENDER A QUERER Y SENTIR. La voluntad, el esfuerzo, el compromiso son imprescindibles para alcanzar los proyectos de desarrollo personal y comunitario. El aprendizaje continuo que conlleva la sociedad cognitiva exige comprometerse activamente con proyectos formativos personales que requieren constancia, esfuerzo, renuncias. Más de un 80% de la población adulta considera clave la formación, pero solamente menos de un 25% elabora planes de formación personal y se implican en ellos.

Desear, querer, amar lo que se hace es condición obligada para alcanzar buenos resultados. Las motivaciones pueden ser más externas, como el deseo de reconocimiento, prestigio social, recompensas monetarias, etc.; o más internas como el deseo de saber, de realizar bien el trabajo, de superarse, etc. Los seres humanos estamos motivados, interna y externamente, en distintas proporciones según circunstancias. Es preferible que la motivación tenga origen más interno, puesto que las fuentes externas tienden a ser más pasajeras. Las personas automotivadas internamente mantienen los niveles altos, aún cuando las recompensas externas disminuyan o desaparezcan. Una proporcionada combinación de motivación externa e interna es deseable.

Cada persona ha de comprometerse con su propia formación. Ha de querer aprender de forma independiente y autónoma en contextos cambiantes. Ha de querer ser competente para evaluar y tomar decisiones sobre qué, cuándo, cómo necesita aprender y dónde obtener los recursos precisos. El interés y motivación resultan claves para un aprendizaje eficaz. Cuando el conocimiento resulta relevante y significativo para la persona, tanto intelectual como afectivamente, es asimilado de forma más fácil, duradera y eficaz.

C) APRENDER A HACER. El curriculum escolar ha puesto tradicionalmente énfasis, cuando no exclusividad, en transmitir conocimientos, prestando menos atención a los procedimientos, las prácticas, los modos de hacer. Pero el saber hacer presenta unas demandas especiales en la sociedad actual. Ya no se trata de especialización profesional, de preparar para una tarea definida y un trabajo profesional estable en el tiempo. Hoy se requiere un continuo aprender a hacer, una adaptabilidad a los contextos tan cambiantes.

En la nueva economía, el trabajo está en un proceso que podemos calificar de desmaterialización. Cada vez tiene menos que ver con la materia como ocurría en sociedades agrarias (cultivar la tierra) o industriales (fabricar objetos), y más con el conocimiento, la comunicación, el asesoramiento, planificación, supervisión, relaciones interpersonales, etc.

Aprender a hacer no es aprender prácticas rutinarias, más propias de la formación profesional del pasado. La nueva economía exige nuevas competencias. Las tareas industriales en cadena, fragmentadas y repetitivas, están dando paso a colectivos de trabajo, grupos de proyecto, satisfacción del cliente, calidad total. Los empleados ya no son anónimos e intercambiables y las tareas se personalizan. Junto a la formación profesional y calificación técnica se requieren otras competencias como la capacidad de iniciativa, proyecto personal y compromiso, aptitud para trabajar en grupo, disposición a asumir riesgos, afrontar y resolver conflictos, planificar, tomar decisiones y evaluar procesos y resultados, introducir innovaciones y mejoras.

D) APRENDER A CONVIVIR. Aprender a convivir en los diferentes y simultáneos espacios en los que transcurre nuestra vida: nivel familiar, escolar, laboral, sociocultural, es quizá lo más urgente e importante. En la sociedad globalizada y de la información, somos observadores impotentes de quienes generan y mantienen los conflictos y la violencia. Los modelos violentos en la familia, escuela, empresa, medios de comunicación de masas, están alcanzando cotas alarmantes.

El derecho a la paz se declara prioritario al comenzar el siglo XXI, como condición básica para el desarrollo y bienestar personal y social. El descubrimiento, reconocimiento y respeto del otro se logra en paralelo a la conformación de la propia identidad personal. Es objetivo prioritario de la educación desarrollar la propia identidad a la vez que comprender y valorar la personalidad de los demás. Si la familia, escuela, trabajo, medios de masas fomentan actitudes de respeto, tolerancia se están previniendo comportamientos violentos.

Aprender a convivir es objetivo prioritario en nuestra sociedad, cada vez más multicultural. La inmigración plantea cuestiones de carácter ético y político, de respeto a los valores y cultura de las minorías, a la vez que exigencias de aceptación e integración en la cultura mayoritaria. Pero especialmente exige respuestas educativas apropiadas para los hijos de los inmigrantes y compromete a los profesores, sus valores, actitudes, metodologías y prácticas.

Aprender a convivir no es un conocimiento meramente declarativo, sino también y sobre todo procedimental. Es decir, se adquiere practicándolo y exige tiempo y condiciones adecuadas. El pensamiento crítico y el comportamiento responsable y solidario sólo se alcanzan con una metodología de enseñanza–aprendizaje consonante.

La educación tiene una doble misión: mostrar la complejidad y diversidad de la especie humana y, la vez, las semejanzas e interdependencia entre todos los seres humanos. Todas las personas compartimos una estructura mental, unos universales cognitivos, emocionales, lingüísticos, según ponen en evidencia las ciencias cognitivas.

E) APRENDER A SER. Ante el siglo XXI, el desafío de la educación no es tanto preparar a las nuevas generaciones para vivir en una sociedad determinada, sino dotar a cada persona de competencias y criterios que le permitan comprender el mundo cambiante que le rodea y comportarse solidaria y responsablemente. Más que nunca, la función esencial de la educación es proporcionar a todos los seres humanos la libertad de pensamiento, sentimiento, imaginación y creatividad que necesitan para dar sentido a su vida y alcanzar las cotas más altas posibles de bienestar y felicidad.

La educación es un viaje interior desde el nacer hasta el morir. El desarrollo del ser humano se ha de dar en todas las potencialidades personales, intelectuales, efectivas, morales, estéticas, sociales, etc.; en todos los contextos, de familia, trabajo, ocio, etc.; y a lo largo de todas las etapas del ciclo vital.

Tal concepto de educación cuestiona la distinción tradicional entre educación básica y educación permanente o de adultos, entendida ésta como nivelación, perfeccionamiento, promoción o reconversión profesional. La meta deseable de dar más años a la vida y más vida a los años conlleva una disponibilidad educativa constante, tanto si se trata de brindar nuevas posibilidades educativas, perfeccionar o ampliar la formación profesional, como de satisfacer el deseo de saber, de belleza, de superación personal y autorrealización. La autoestima, la autoeficacia y experiencias de control sobre el medio, el optimismo, la solidaridad conllevan una vida más feliz.

F) APRENDER SOBRE EL CONOCER, QUERER Y SENTIR (TEORÍA DE LA MENTE). Resulta cuando menos extraño que las personas tengan que conocer tantas cosas sobre el mundo natural y sociocultural (matemáticas, física, química, biología, historia, sociología, economía, etc.) y apenas reciban conocimientos sobre sí mismos, sobre sus pensamientos y sentimientos, sobre su mente y la mente de los demás, cuando por otra parte están muy interesados.

En las relaciones interpersonales continuamente interpretamos el comportamiento del otro, suponiendo que tiene estados mentales, como opiniones, creencias, deseos, intenciones, intereses, sentimientos. Cuando alguien hace algo pensamos que tal conducta se debe a determinados pensamientos, sentimientos o deseos que tiene en su cabeza. Los seres humanos tenemos una teoría de las mentes ajenas que nos permite naturalmente atribuir estados mentales a los demás y a nosotros mismos. Somos animales mentalistas. Esta capacidad cognitiva–social del ser humano resulta clave para comprender la comunicación interpersonal y la interacción social en las situaciones educativas.

Los conocimientos, las teorías que de la mente se tengan no es una cuestión meramente teórica, sino de extraordinaria relevancia práctica, especialmente en aquellas profesiones (las más en nuestra sociedad de conocimientos y servicios) que tienen que ver con otras personas y sus comportamientos, y por tanto sus pensamientos, sentimientos y motivaciones. Profesores, psicólogos, pedagogos, sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales, etc. perciben, enjuician, valoran y actúan en su práctica profesional desde la teoría de la mente, que más o menos explícitamente sostienen. La teoría de la mente constituye en la actualidad un dominio de investigación en el que confluyen diversas ciencias cognitivas, y que está proporcionando resultados sorprendentes y de extraordinaria relevancia teórica y aplicada.

La mente, entendida como un sistema de representaciones, conocimientos e inferencias, merece el calificativo de teoría (Teoría de la Mente) puesto que no es directamente observable y sirve para predecir y modificar el comportamiento. En cierta medida se puede comparar con los conceptos y teorías que los científicos emplean para explicar, predecir y modificar la realidad que estudian. Las teorías de los científicos tampoco son observables. Atribuir mente a otro es una actividad teórica, pues no podemos observar su mente, pero a partir de esa atribución interpretamos sus pensamientos y sentimientos y podemos actuar con él adecuadamente.

El cerebro dispone de redes neurales especializadas que nos permiten crear ingeniosas hipótesis sobre cómo opera la mente de otras personas. A partir de estas hipótesis anticipamos y predecimos con acierto las conductas de los demás. Esta capacidad de mentalización con una base neuronal determinada se considera de carácter modular, similar a la capacidad lingüística, numérica o espacial. Se han caracterizado estas capacidades básicas como conocimientos nucleares, que subyacen a todo cuanto aprendemos a lo largo de la vida y nos identifican como miembros de una especie. Son universales cognitivos con los que venimos al mundo, y se basan en módulos o sistemas neuronales, congénitamente dispuestos para formar representaciones mentales de los objetos, las personas, el lenguaje, las matemáticas y las relaciones espaciales.

La Teoría de la Mente o la capacidad mentalista es condición necesaria en los procesos de enseñanza–aprendizaje. En la enseñanza tenemos un objetivo: cambiar la mente del otro, sus pensamientos, sentimientos y comportamientos; procuramos transmitir algo que consideramos valioso y de modo que el alumno lo pueda asimilar. Y para ello el profesor tiene que ponerse en la mente del alumno, inferir su nivel de conocimientos, sus preocupaciones e intereses, suponer lo que el alumno ya sabe, y lo que quizá desee saber. En la enseñanza ponemos en juego un conjunto de estrategias para lograr una comunicación eficaz: queremos llamar la atención del alumno en nuestro mensaje, porque lo consideramos importante; utilizamos variados recursos para hacerlo de forma interesante; sobre la marcha continuamente hacemos inferencias sobre si entienden e interesa; introducimos modificaciones en el curso de la acción para mejorarla; nos sentimos más o menos satisfechos con lo realizado. La capacidad para interpretar adecuadamente la mente del alumno y actuar en consecuencia resulta esencial en la tarea de profesor.



Autor: García García, Emilio.
Competencias éticas del profesor y calidad de la educación.
Dpto. Psicología Básica II Procesos Cognitivos Facultad de Psicología Universidad Complutense Campus de Somosaguas
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